
Diego Orellana, Centro Laurak Bat
Diego Orellana, nacido y criado en Buenos Aires, llegó al Centro Laurak Bat en 2017 acompañado por su esposo, Sebastián Amaya, profesor de euskera en distintas Euskal Etxeak. Desde entonces, su vínculo con la comunidad no ha dejado de crecer: ha participado activamente en iniciativas culturales, en la organización del Buenos Aires Celebra al País Vasco y en la difusión de la mitología vasca a través de charlas presenciales y virtuales.
En 2021 se incorporó a la comisión directiva como prosecretario y, desde 2023, ocupa el cargo de secretario del Laurak Bat.
¿Desde cuándo la Euskal Etxea cuenta con mujeres en cargos de responsabilidad como la presidencia o vicepresidencia? ¿Cómo ha influido esto en el papel que han jugado y juegan actualmente las mujeres dentro de la entidad, especialmente en la toma de decisiones y la gestión?
El Centro Laurak Bat cuenta con una larga trayectoria de participación femenina, incluso cuando la conducción formal de la institución estuvo tradicionalmente en manos de hombres. Desde finales del siglo XIX, las mujeres asumieron roles importantes en la vida social y cultural de la Euskal Etxea, aunque no ocuparan todavía los espacios directivos.
Ese protagonismo se hizo especialmente visible durante la Guerra Civil española, cuando las mujeres vascas organizadas en torno a la Emakume Abertzale Batza desarrollaron un trabajo autónomo, eficaz y altamente reconocido en asistencia a exiliados, recaudación de fondos y dinamización cultural. Su actividad llegó a equipararse simbólicamente a la de las estructuras nacionalistas vascas dirigidas por hombres.
Ya en tiempos recientes, la presencia de mujeres en cargos de responsabilidad se consolidó con la presidencia de María Aranzazu Anitua (2011-2021) y, desde 2023, con la actual presidenta, María Aranzazu Goicoa, vinculada a la institución desde 1978. Desde 2025 la comisión directiva refleja este avance: está integrada por ocho mujeres y cuatro hombres. Esta evolución ha permitido que las mujeres cuenten hoy con un espacio real de influencia en la gestión y en la toma de decisiones del centro.
A partir de que vuestra Euskal Etxea ha contado con mujeres en cargos de responsabilidad, ¿se han desarrollado programas, planes de trabajo o actuaciones específicas que incorporen la igualdad de género? ¿De qué manera contribuyen actualmente a promover valores de igualdad?
A pesar de los avances en representación institucional, el Centro Laurak Bat no cuenta todavía con un programa o plan específico orientado a la igualdad de género. Se intentó conformar una comisión de género en 2022, pero la falta de acuerdo no permitió que la iniciativa prosperara.
Si bien el tema está presente en el debate y ha cobrado relevancia en los últimos años —especialmente a raíz de situaciones intracomunitarias que hicieron evidente la necesidad de abordarlo—, aún no existe un programa definido que permita desarrollar acciones sostenidas en el tiempo.
Hoy el desafío es transformar esa sensibilidad creciente en políticas institucionales claras, algo que quienes trabajan en la entidad reconocen como una asignatura pendiente.
¿Qué retos o desafíos enfrenta la Euskal Etxea en términos de igualdad? ¿Cómo se prevé abordar estos desafíos y las oportunidades que se presenten en el futuro?
Uno de los principales obstáculos es la percepción extendida de que “no hay problemas de desigualdad”, lo que convierte al tema en un asunto delicado e incluso tabú. Esta idea dificulta la creación de espacios de reflexión y limita la participación, especialmente la de los hombres.
Otro reto importante es generar conciencia sobre el impacto cotidiano de actitudes o comentarios sexistas, y promover una participación más equilibrada en todas las áreas de la vida institucional. También existe una necesidad clara de que los hombres se sientan parte activa —y no ajena— de las políticas y debates en materia de igualdad.
Para avanzar, se propone crear dinámicas y actividades que permitan repensar las masculinidades, cuestionar roles de género tradicionales y abrir espacios donde la comunidad pueda reflexionar sobre comportamientos, formas de comunicación y distribución de tareas. La clave, según el entrevistado, está en trabajar “desde dentro”, apelando a procesos colectivos de autocrítica y aprendizaje.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a otros hombres de las Euskal Etxeak que, como tú, quieren contribuir a una comunidad más igualitaria y respetuosa?
El mensaje es claro: romper el silencio, cuestionar y convertirse en aliados visibles por la igualdad. No basta con no reproducir desigualdades; es necesario actuar para transformarlas. Eso implica señalar actitudes sexistas, incluso en entornos informales, asumir de forma corresponsable tareas tradicionalmente feminizadas, promover una participación equilibrada en los órganos directivos y formarse en nuevas masculinidades igualitarias.
También recomiendo aprovechar iniciativas como Gizonduz o la Escuela para la Igualdad, y revisar críticamente qué significa “ser hombre” hoy. Incorporar la perspectiva de género a todas las actividades del centro es, para él, una tarea colectiva y urgente.
Mi invitación final es a hablar de estos temas, crear espacios de diálogo e impulsar un cambio que involucre a toda la comunidad vasca en la diáspora.

