
Mario Lecumberri, Centro Vasco Navarro Laurak Bat (Valencia)
Mario Lecumberri forma parte del equipo directivo de su Euskal Etxea, a la que se incorporó en 2022 tras una trayectoria profesional vinculada a la gestión y el trabajo comunitario. Con una visión consciente de los desafíos que enfrentan las instituciones vascas en la diáspora, ha impulsado procesos de reflexión interna centrados en la igualdad, la participación y la actualización organizativa.
¿Desde cuándo la Euskal Etxea cuenta con mujeres en cargos de responsabilidad como la presidencia o vicepresidencia? ¿Cómo ha influido esto en el papel que han jugado y juegan actualmente las mujeres dentro de la entidad, especialmente en la toma de decisiones y la gestión?
Llevo relativamente poco tiempo en la Euskal Etxea, pero la institución tiene una trayectoria larga: se fundó oficialmente en 1950, aunque ya funcionaba desde 1947. Como muchas entidades de la época, sus inicios estuvieron marcados por dinámicas claramente machistas. La Junta Directiva estaba compuesta únicamente por hombres y las mujeres tenían un papel más simbólico que participativo; incluso existía la figura de las Damas de Honor, presentes únicamente en las celebraciones importantes.
Con el tiempo, la entidad ha vivido una evolución profunda, tanto en la composición de la Junta Directiva como en la participación de las mujeres socias. De hecho, un dato muy revelador es que hemos renovado el 50% del censo de personas socias —hoy en torno a 94— y de ese porcentaje, el 51% son mujeres que se han incorporado en los últimos tres años. Este cambio fue uno de los detonantes que nos llevó a reflexionar seriamente sobre el papel de las mujeres dentro de los órganos directivos.
Aun así, la realidad no es sencilla. La mayoría de las mujeres —con excepciones que por suerte existen— trabajan fuera de casa y asumen también tareas de crianza y gestión del hogar. Esto dificulta enormemente su posibilidad de dedicar tiempo voluntario a participar en espacios de gestión. Esta ha sido una de las conclusiones obtenidas de una reciente reunión sobre igualdad entre varios centros vascos, que hemos promovido.
En nuestro caso concreto, la Junta Directiva está formada por 12 personas, de las cuales solo 3 son mujeres. Con la reforma de los Estatutos, reduciremos el tamaño de la Junta y trabajaremos activamente para favorecer una mayor presencia femenina. Y ya puedo adelantar que, a partir de febrero del próximo año, contaremos con una mujer al frente de la presidencia, si como todo indica, la próxima asamblea ordinaria así lo considera.
A partir de que vuestra Euskal Etxea ha contado con mujeres en cargos de responsabilidad, ¿se han desarrollado programas, planes de trabajo o actuaciones específicas que incorporen la igualdad de género? ¿De qué manera contribuyen actualmente a promover valores de igualdad?
Este año celebramos el 75 aniversario de la entidad, un marco que ha resultado especialmente significativo porque hemos iniciado un proceso de renovación de los Estatutos. Este proceso se ha facilitado porque la propia Junta de la entidad ha respaldado la necesidad de actualizarse y de trabajar en actividades relacionadas con la igualdad, lo que ha generado el espacio adecuado para realizar propuestas en este ámbito. En ellos hemos incorporado de manera explícita cuestiones de igualdad y no discriminación. Era necesario actualizarlos: como ocurre también con los avances en materia LGTB, primero llegan las leyes, luego la sociedad empuja y finalmente las instituciones se adaptan. Modificar los Estatutos en un sentido más equilibrado e igualitario es un primer paso, pero después hay que acompañarlo de actividades que impulsen esos cambios en la práctica. Para 2026 queremos dotarnos de un Plan de Igualdad y otro Plan de Diversidad Afectiva-sexual, que nos enriquezcan como entidad.
En este momento nos encontramos en una fase inicial. Aún falta celebrar la primera reunión con mujeres socias y una segunda reunión abierta al conjunto de la membresía. El objetivo es que, de cara a la Asamblea de febrero, se puedan proponer actividades concretas que respondan realmente a los intereses y necesidades de quienes participan.
Tengo una idea general de hacia dónde podría orientarse este trabajo —al fin y al cabo, soy quien ha impulsado la propuesta inicial—, pero no puedo anticipar cómo aterrizará finalmente. No me corresponde. Deberán ser las mujeres quienes definan qué acciones consideran prioritarias y, posteriormente, todas las personas socias decidirán conjuntamente en la reunión que corresponde a la siguiente fase del programa. Quizás dentro de un año pueda responder con más claridad; hoy por hoy, lo importante es escuchar y dejar espacio a quienes deben marcar el camino.
Creo que la combinación de tres elementos —el cambio de Estatutos, las reuniones participativas que están previstas y la incorporación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible como marco de referencia dentro de la entidad— permitirá articular un discurso coherente y, sobre todo, avanzar hacia un modelo más igualitario.
¿Qué retos o desafíos enfrenta la Euskal Etxea en términos de igualdad? ¿Cómo se prevé abordar estos desafíos y las oportunidades que se presenten en el futuro?
El principal desafío es evidente: venimos de estructuras sociales profundamente tradicionales y heteropatriarcales, y revertir esa inercia requiere trabajo, pero un trabajo bien orientado. Uno de los retos más claros es la dificultad que tienen muchas mujeres para participar en determinados momentos de su vida, especialmente durante la etapa de crianza. Las Euskal Etxeak no han sido, históricamente, espacios pensados para acudir con hijos e hijas, y la responsabilidad del cuidado sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres.
Por ello, este año estamos valorando la creación de un servicio de cuidado infantil que permita a las mujeres con criaturas pequeñas acudir más fácilmente a actividades o reuniones. Se trataría de habilitar un espacio seguro y adaptado dentro de la propia entidad, para que los niños y niñas estén atendidos mientras sus madres participan en igualdad de condiciones.
Otro desafío clave es superar el aislamiento entre las distintas Euskal Etxeak. El trabajo en red me parece fundamental, especialmente en temas transversales como la igualdad. Debería existir una línea de financiación específica que permitiera desarrollar iniciativas conjuntas y compartir experiencias. El trabajo en red realizado hasta la fecha nos ha permitido constatar la diversidad existente: Centros vascos de los que debemos y podemos aprender ya que sus prácticas en el terreno de la igualdad están muy avanzadas, y otros donde no han llegado a considerar la necesidad de implementar este ámbito. Conocerse e intercambiar experiencias permite abrirse a otras perspectivas y facilita los necesarios cambios.
No siempre hace falta dinero para viajar; podemos impulsar reuniones online, proyectos comunes y actividades lideradas por mujeres de diferentes Euskal Etxeak, que luego puedan trasladarse a sus comunidades locales. Eso es, precisamente, lo que intentamos replicar nosotros: generar una experiencia compartida que después se cuente internamente, de manera que las personas socias perciban que algo se mueve, aunque sea poco a poco.
El trabajo en red es esencial, especialmente para ayudar a que los centros más tradicionales salgan del estancamiento y comiencen a priorizar, de verdad, la participación y el liderazgo de las mujeres socias.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a otros hombres de las Euskal Etxeak que, como tú, quieren contribuir a una comunidad más igualitaria y respetuosa?
Mi mensaje sería sencillo: avanzar en igualdad y construir relaciones más horizontales dentro de las Euskal Etxeak es, ante todo, una cuestión de sentido común. No requiere de grandes inversiones, es más una cuestión de voluntad, de seguir empujando cada una y cada uno desde donde pueda, con coherencia y compromiso.
Cada paso, por pequeño que sea, contribuye a que nuestras comunidades sean espacios más respetuosos e inclusivos.

