
Sonia Castañon Bedialauneta, Basque Club of Utah
Sonia Castañon Bedialauneta forma parte del Basque Club of Utah, una comunidad vasca que desde los años setenta ha crecido gracias al compromiso de familias que llevaron su cultura al oeste de Estados Unidos.
Referente por su mirada sensible y a la vez firme sobre la igualdad, Sonia ha vivido de cerca la evolución del liderazgo femenino dentro del club, donde hoy las mujeres ocupan la mayoría de los cargos directivos.
¿Desde cuándo la Euskal Etxea cuenta con mujeres en cargos de responsabilidad como la presidencia o vicepresidencia? ¿Cómo ha influido esto en el papel que han jugado y juegan actualmente las mujeres dentro de la entidad, especialmente en la toma de decisiones y la gestión?
El Basque Club of Utah nació en la década de 1970 —probablemente en 1974— impulsado por un pequeño grupo de familias vascas que buscaban un espacio donde reunirse y mantener viva su cultura. Desde su origen, el club se configuró como un entorno sorprendentemente igualitario para la época: mujeres y hombres participaron por igual en su fundación, sin distinciones marcadas de género en la toma de decisiones.
Durante años, una figura clave fue Mery Gaztambide, quien no solo presidió el club, sino también —según recuerda Sonia— la North American Basque Organization. Tras su fallecimiento, el liderazgo se ha mantenido diverso: ha habido dos o tres presidentes hombres, pero la mayoría de los cargos directivos han estado en manos de mujeres. Hoy, la presidencia y la vicepresidencia son femeninas, mientras que la secretaría recae en un hombre.
El club cuenta con 227 miembros —119 mujeres y 108 hombres— y aproximadamente el 75% de los puestos directivos, desde la presidencia hasta la dirección de danza, están liderados por mujeres. En total, el 73% del equipo de liderazgo es femenino, un dato que evidencia un arraigo profundo de la participación y la responsabilidad de las mujeres dentro de la entidad.
A partir de que vuestra Euskal Etxea ha contado con mujeres en cargos de responsabilidad, ¿se han desarrollado programas, planes de trabajo o actuaciones específicas que incorporen la igualdad de género? ¿De qué manera contribuyen actualmente a promover valores de igualdad?
Sonia reconoce que, pese al protagonismo femenino en el liderazgo, el Basque Club of Utah no desarrolla actualmente programas específicos centrados en la igualdad de género. Explica que, en el contexto sociocultural estadounidense, las conversaciones más presentes en el ámbito asociativo tienen que ver con la diversidad sexual y la igualdad en términos de orientación sexual.
En su opinión, dentro del club las mujeres se sienten empoderadas y en una posición de fortaleza, por lo que considera que, de realizar actividades de sensibilización, probablemente se centrarían más en cuestiones LGTB+ que en temas de género. “Es algo positivo que incluso podríamos compartir con la comunidad más amplia, fuera del ámbito vasco”, señala.
¿Qué retos o desafíos enfrenta la Euskal Etxea en términos de igualdad? ¿Cómo se prevé abordar estos desafíos y las oportunidades que se presenten en el futuro?
Sonia observa con preocupación ciertos cambios en el clima social y político de Estados Unidos, y admite que en los últimos tiempos ha percibido “una corriente subterránea extraña” en algunos comportamientos masculinos dentro de la comunidad vasca más amplia. No sabe si responderán simplemente a malos momentos o si podrían estar anticipando un retroceso en materia de igualdad, pero varias mujeres han expresado inquietudes.
Ante esta situación, defiende la importancia de estar alerta, escuchar esas preocupaciones y evitar que posibles tensiones deriven en dinámicas que contravengan los avances logrados durante décadas. “Me dolería ver un retroceso”, afirma. Por ello, insiste en la necesidad de mantenerse vigilantes, alzar la voz cuando sea necesario y sostenerse mutuamente.
¿Qué te gustaría decirles a otras mujeres que, como tú, construyen comunidad en las Euskal Etxeak?
La última respuesta de Sonia llega cargada de emoción. Para ella, las mujeres de la diáspora vienen de “una larga línea de brujas —hermosas, poderosas, mágicas—”, y reivindica esa fuerza colectiva como motor del presente y del futuro.
Su mensaje es claro y profundamente afectivo: seguir adelante juntas, con amor, porque es el amor —y no la confrontación— lo que permitirá enfrentar los retos sociales actuales. “Juntas, podemos lograrlo”, concluye.

