
Valerie Etcharren Arrechea, NABO (North American Basque Organizations)
Valerie Etcharren Arrechea forma parte de la NABO (North American Basque Organizations) desde hace años y conoce de primera mano la larga tradición de liderazgo femenino dentro de la federación. Criada en una familia implicada en la vida asociativa vasca en Estados Unidos, ha visto cómo mujeres de distintas generaciones han sostenido y dirigido la organización desde sus inicios.
¿Desde cuándo la Euskal Etxea cuenta con mujeres en cargos de responsabilidad como la presidencia o vicepresidencia? ¿Cómo ha influido esto en el papel que han jugado y juegan actualmente las mujeres dentro de la entidad, especialmente en lo relativo a la toma de decisiones y la gestión?
Desde la creación de la NABO, las mujeres han ocupado cargos de responsabilidad y han sido parte activa de la construcción de la organización. Desde las primeras décadas —en los años setenta y ochenta— hubo mujeres delegadas y líderes que marcaron el rumbo de la federación. Una de ellas fue Janet Inda, la primera mujer presidenta, cuyo mandato abrió camino a otras.
En mi caso, crecí viendo a mi madre ejercer como secretaria durante una presidencia, y siempre he tenido referentes femeninos en la gestión. A lo largo de nuestra historia, prácticamente todos los cargos han sido ocupados alguna vez por mujeres: secretaría, tesorería, vicepresidencia y presidencia. La estructura interna —en la que quien preside pasa luego a ser vicepresidenta o vicepresidente— ha contribuido también a que la participación femenina sea constante y natural.
Por eso, en la NABO no ha habido un “antes” y un “después” en términos de igualdad en la toma de decisiones: las mujeres siempre han estado ahí, liderando.
A partir de que tu Euskal Etxea ha contado con mujeres en cargos de responsabilidad, ¿se han desarrollado programas, planes de trabajo o actuaciones específicas que hayan incorporado la igualdad de género, y de qué manera esto contribuye actualmente a la promoción de los valores de igualdad?
La realidad es que en la NABO nunca hemos tenido que desarrollar programas específicos sobre igualdad de género porque, de alguna manera, la igualdad ya estaba integrada en nuestra dinámica. Si uno observa la junta directiva y el cuerpo de delegados, el equilibrio es evidente: como mínimo, un 50% son mujeres.
Aun así, quisimos revisar nuestros estatutos para asegurarnos de que el lenguaje fuera neutro e inclusivo, no solo respecto a hombres y mujeres, sino también hacia identidades no binarias. Es un reconocimiento de que la manera en la que las personas se identifican está cambiando, y queremos que todo el mundo se sienta bienvenido.
Por eso, aunque suene extraño decirlo, nunca hemos tenido conflictos relacionados con la igualdad de género dentro de la NABO. Esa equidad forma parte natural de nuestra cultura organizativa.
¿Qué retos o desafíos enfrenta la Euskal Etxea en términos de igualdad? ¿Cómo se prevé abordar estos desafíos y las oportunidades que se presenten en el futuro?
El principal reto está en mantener la conciencia activa de que la igualdad de género es importante. Hoy contamos con un equilibrio sólido, pero si en algún momento esta balanza se inclinara hacia un lado u otro, tendremos que actuar.
Siempre se insiste —y con razón— en la necesidad de escuchar las voces de las mujeres, pero también es posible que algún día la representación masculina disminuya. En ese caso, habría que garantizar que sus voces también estén presentes. La igualdad real exige que todas las personas se sientan cómodas, representadas y con espacio para participar en los proyectos comunitarios.
El desafío, por tanto, es preservar ese equilibrio en un contexto cambiante.
¿Qué te gustaría decirles a otras mujeres que, como tú, construyen comunidad en las Euskal Etxeak?
Que nunca pierdan su voz.
Es fundamental que las mujeres mantengan la capacidad de expresarse y de hacerse escuchar. Ese es el mensaje que debemos transmitir, especialmente a las generaciones jóvenes: que todas las voces importan por igual y que debemos tener el valor de usarlas.
