La Semana Nacional Vasca Argentina volvió a confirmarse como el evento más convocante de la colectividad vasca en el país. Año tras año reúne a vascos y vascas de distintos puntos de Argentina y del exterior, y esta edición no fue la excepción. Participaron delegaciones de Uruguay —que ya es parte habitual del encuentro—, representantes de Perú y numerosas personas llegadas directamente desde Euskadi, entre ellas deportistas, danzaris y miembros del Gobierno Vasco. En total, alrededor de 1.400 personas formaron parte de las actividades a lo largo de toda la semana.
Entre las protagonistas de esta edición se encuentra Sara Urbieta, de 26 años, originaria de Tres Arroyos, donde formó parte de la comisión directiva de la Euskal Etxea Hiru Erreka, y actualmente radicada en Tandil, donde dirige el grupo de danza del Centro Vasco de Tandil. Desde su rol, fue una de las impulsoras de una propuesta que buscó repensar la forma en que se presentan las danzas vascas en las veladas tradicionales.

“La Semana Nacional Vasca Argentina es el evento del año que más vascas y vascos reúne dentro del país”, resume Sara. Aunque no todas las personas participan de cada evento —ya que las actividades se desarrollan de manera paralela—, el número da una clara dimensión del alcance y la importancia del encuentro.
La semana se estructura en dos grandes momentos. De lunes a miércoles se vive una etapa más tranquila, con un fuerte perfil cultural: muestras, concursos literarios, competencias de mus y presentaciones de libros y películas.
A partir del jueves, con la llegada de las personas integrantes de las distintas Euskal Etxeak, el ritmo cambia. Comienzan las actividades recreativas, las noches de confraternidad y las tradicionales veladas artísticas.
Este año, el programa incluyó dos veladas destacadas. Una estuvo dedicada a músicos y músicas de la diáspora, que compartieron escenario con la banda municipal en una presentación especialmente celebrada. La otra, el sábado, reunió a los grupos de danza de las distintas Euskal Etxeak. El domingo, como es tradición, el cierre llegó con un almuerzo de despedida. “Es todo tristeza, porque es la despedida. Es muy intenso lo que se vive en esos días”, cuenta Sara.
Pero más allá del cronograma habitual, esta edición marcó un punto de inflexión en la manera de pensar y mostrar la danza vasca. Desde hace años, las directoras y directores de los grupos de danza se reúnen para organizar las veladas. Sin embargo, esas reuniones comenzaron a transformarse. “Empezamos a preguntarnos a dónde queremos ir, qué estamos mostrando y qué queremos mostrar”, explica Sara. La inquietud surgía de una sensación compartida: las veladas se repetían, con las mismas danzas y estructuras, muchas veces por comodidad, por falta de tiempo o por limitaciones en los recursos disponibles.
La experiencia de Sara en Gaztemundu 2018, donde se formó en danza con referentes como Oier Araolaza y Josu Garate, fue clave. Allí conoció la obra Martin Zalakain, dirigida por Argia, que reunía grupos de distintos lugares de Euskadi en una propuesta con un hilo conductor común. Esa idea sembró una pregunta: ¿por qué no intentar algo similar en Argentina?
Así nació una propuesta ambiciosa: construir una velada conjunta, con una narrativa compartida, donde no se destacara un centro en particular, sino el trabajo colectivo. La idea no fue fácil de aceptar. Hubo negociaciones, dudas y resistencias. Transmitir un cambio tan profundo a directivas y cuerpos de danza acostumbrados a otra dinámica fue uno de los mayores desafíos.
El proyecto se sostuvo gracias al trabajo conjunto con docentes de Argia, que acompañaron el proceso de manera virtual. Los grupos enviaban videos, recibían correcciones y ajustaban sus interpretaciones. Ya durante la Semana Nacional Vasca, los ensayos fueron intensos y exigentes.
No todos estuvieron de acuerdo. De las 25 Euskal Etxeak inicialmente convocadas, dos decidieron no participar de la velada. La decisión fue debatida y reevaluada, ya que el objetivo nunca fue dejar a nadie afuera. Finalmente, 23 centros siguieron adelante con la propuesta. “Nos dimos cuenta de que trabajando juntas y juntos podemos lograr algo más complejo, más completo y distinto”, reflexiona Sara, aunque reconoce que el proceso implicó ceder y aprender a construir en conjunto.
Para Sara, la renovación de la danza vasca también es un espacio para promover la igualdad de género y la participación de las nuevas generaciones.
“Con las nuevas generaciones hemos evolucionado mucho y la cuestión de género se ha simplificado; antes era más difícil de abordar”, explica.
Bajo su coordinación, los ensayos buscaron fomentar la colaboración, el respeto mutuo y el aprendizaje compartido, permitiendo que todas las personas pudieran aportar ideas, innovar y mantener viva la tradición de manera inclusiva. En su mirada, transformar la tradición no significa perderla, sino actualizarla para que refleje los valores de igualdad y apertura que la comunidad vasca necesita hoy.

El balance final es ampliamente positivo. Más allá del resultado artístico, el proyecto dejó lazos, puentes y vínculos entre grupos, docentes y generaciones. Para Sara, esta experiencia también abre discusiones más profundas: la necesidad de generar espacios más horizontales, de apostar al trabajo colectivo y de permitir que las nuevas generaciones aporten miradas renovadas sin perder la raíz cultural. “Si no nos adaptamos, no sobrevivimos”, señala.
La Semana Nacional Vasca volvió así a ser un espacio de encuentro, identidad y emoción, pero también de reflexión y renovación. Una muestra de que la tradición puede dialogar con nuevas formas de hacer y de mostrarse, dando visibilidad al liderazgo femenino y al protagonismo de quienes impulsan el cambio desde dentro de la colectividad.

